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Consecuencias COVID-19 en la infancia

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A consecuencia la pandemia provocada por el Covid-19, se ha producido en nuestro país, como en tantos otros, un proceso de confinamiento en nuestras casas, que ha supuesto el fin temporal de las actividades de nuestra rutina diaria entre las que se encuentran algunas tan básicas como el ir a trabajar, a la escuela, o relacionarnos.

Una población que se ha visto especialmente vulnerable ante esta situación son los niños y las niñas. Nuestros peques se encuentran en un proceso de desarrollo, de maduración y crecimiento que necesita ser potenciado para lograr el máximo de estos, estableciendo una rutina diaria que les permita adquirir habilidades físicas, cognitivas, emocionales, sensoriales o sociales.

Dada esta brusca ruptura de rutina y de actividades especialmente potenciales para el desarrollo de niños, se han visto aumentadas alteraciones que resultan poco saludables, entre las que cabe destacar el riesgo de obesidad y la alteración del sueño.

Obesidad

El confinamiento ha afectado a la disminución de la actividad física, provocando por tanto un aumento del sedentarismo, que se asocia como principal factor de riesgo de enfermedades en edad infantil.

Como consecuencia del sedentarismo, se produce un aumento del sobrepeso y del desarrollo de obesidad.

Por lo tanto, mantener una buena actividad física se erige como la mejor opción para un desarrollo y crecimiento saludable entre los más pequeños, favoreciendo el desarrollo muscular, así como un menor impacto en el estado emocional, un mayor bienestar, una disminución en los pensamientos de tristeza y soledad.

Además, la actividad física mejora el rendimiento intelectual y cognitivo, así como la capacidad de concentración. Dada la situación escolar online, los niños deben seguir haciendo frente al proceso escolar y educativo, viéndose algunas de sus habilidades alteradas para conseguir el mayor rendimiento. Mantenerse activos ayudará a reducir estas dificultades y mejorará los objetivos académicos.

Es importante destacar el poder que ejerce la actividad física sobre el sistema inmune, pudiendo estimular la inmunidad de los niños para combatir enfermedades, como la actual Covid 19.

Ya sabemos, por tanto, que el confinamiento ha potenciado la obesidad y, por tanto, las patologías crónicas. Niños y niñas que necesitan rehabilitación han desarrollado un empeoramiento de este tipo de cronicidades, y se ha evidenciado la necesidad de mantener rutina actividad física y en terapias de rehabilitación, pero ¿cómo?.

Aquí os dejamos algunos consejos basados en las recomendaciones de la OMS da en función al grupo de edad:

  •  Hasta el primer año de edad, tratar de movilizarlo durante al menos media hora al día, colocando boca abajo a nuestro bebé o sentándolo delante nuestra para su estimulación.
  • Entre 1 a 5 años, la OMS establece como elemento básico el juego. Recomiendan una actividad diaria de 3 horas, desarrollada a través del movimiento y del juego. Para ello, es fundamental en estos tiempos la imaginación, y realizar juegos con nuestros niños (comba, gallinita ciega, pimpón en casa…).
  • A partir de 5 años, la OMS recomienda 1 hora de actividad al día, pero esta vez de intensidad moderada, que es aquella que mientras la hago me cuesta un poco hablar. Esta ha de ser en su mayoría actividad física aeróbica, andando o corriendo, o mediante ejercicios en casa como la comba, saltos repetidos, o ejercicios de tonificación muscular con el propio cuerpo (sentadillas, ejercicios con bandas elásticas…)

La mejor manera de que nuestros hijos hagan actividad física, especialmente en casa, es que los padres decidan unirse, y se realicen actividades en familia.

Alteraciones del sueño.

A consecuencia del confinamiento, un reciente estudio que será publicado próximamente en revistas internacionales, cifra que se ha producido un aumento de problemas relacionados con el sueño en niños en un 22%, y que se han visto incrementado entre un 13-14% las pesadillas en la infancia.

Somos un ente sociable, y necesitamos unos ritmos diarios, de vigilia, alimentación o sueño, mediante un reloj interno que se ajusta por estímulos externos. En las últimas semanas han desaparecido muchos de estos estímulos externos, como el ejercicio, las relaciones con las horas de luz solar, las relaciones con compañeros y las estructura que ello conlleva (a qué hora llego al colegio, a qué hora veo a mis compañeros…)

Las pesadillas son una respuesta normal a una situación cambiante en su vida. Dormimos bien si nuestro día es armónico, feliz, regularizado por los relojes externos.

Algunas recomendaciones que dan los expertos son:

  • Hacer que nuestro hijo desayune en una habitación con mucha luz, favoreciendo la armonía del reloj de la vigilia y la alimentación.
  • Comer y merendar a las mismas horas, para decir a nuestro organismo que estoy comiendo, porque es “x” hora, y queda “x” hora para mi siguiente actividad o para dormir.
  • Mantener una rutina horaria para el sueño, eliminando estresores del final del día. La melatonina se produce en torno a las 2 horas de que se produzca el oscurecimiento del día. Si nuestro hijo recibe luz blanca debido al uso de tablets, móviles u ordenadores hasta tardes horas del día, se producirán desajustes en el proceso de conciliación del sueño.
  • Gestión de las emociones: El sueño se ve fuertemente influenciado tanto por la actividad física como por el control y conocimiento de nuestras emociones. Favorecer la expresión de estas, el mantenimiento de rutinas y eliminar actividades perjudiciales para nuestra salud mental (cuando nos pasamos más de 3 horas viendo noticias sobre la pandemia sin acompañamiento, la posibilidad de estrés postraumáticos aumenta), favorecerán la conciliación de un sueño saludable.

Iván Bermez Villanueva

Enfermero Máster en Salud Internacional y Terapeuta Ocupacional

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